Más temprano que tarde, los modelos 1:1 (un computador por alumno y
otro para el docente) ingresarían a las aulas chilenas. Y lo hicieron
en las salas de los terceros básicos.
Este fenómeno era inevitable, dada la caída de costos de los
computadores para estudiantes (netbooks y variantes), la creciente
factibilidad de implementar redes locales inalámbricas (40 ó más
equipos compartiendo un router), y muy particularmente la emergencia de
software educativo pertinente. El desafío entonces es hacerlo bien,
creando contextos para asegurar el uso pedagógico de estas herramientas.
La
verdad es que con la masificación de celulares, ya hace




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