Siempre cuando levantamos nuevos proyectos que se escapan de nuestros paradigmas, en general los chilenos piensan que se nos pasa la mano con las expectativas, sobre todo en nuestra cultura chilensis, porque los ven como imposibles, aunque en otras partes del mundo no se cuestionan qué tan complejos o difíciles puedan ser.
Chile, hoy exporta unos 65 billones de dólares, ¿alguien creyó hace 8 años que estaríamos exportando esta cifra? Creo que muy pocos. A la mayoría si se le preguntaba en foros y seminarios, hacían proyecciones más bien modestas. Y bueno, ahora estamos con cifras de este orden y empezando a sentir el aroma del desarrollo que parece estar más cerca.
Si uno no se platea metas agresivas jamás avanzará lo que necesita, por ello, como empresario siento que tengo la responsabilidad de plantearme esas metas, porque el país las necesita. ¿No es acaso este empuje una característica esencial del empresario y del emprendedor? Los 65 billones no salieron de la nada. Existen porque además de la valentía de los empresarios, la estabilidad política y económica y el modelo economico abierto al mundo, han permitido que Chile logre estos resultados. Es bueno compararse con el resto de la región, pero aún podemos mejorar muchas cosas y estoy consciente de esto, ya que el ambiente para hacer negocios en nuestro país es lejos el mejor de la región. Esto nos da la base para acercarnos a los primeros del mundo.
Pero ahora se plantean más desafíos, si queremos llegar al desarrollo el 2020, tenemos que inventar otras industrias para duplicar el ingreso per cápita chileno o llegar a los 25.000 dólares. Una de estas industrias es el offshoring o como también se conoce, outsourcing. La exportación de servicios de valor agregado al resto del mundo desde Chile, tiene como meta los 5.000 millones de dólares a 8 años, lo que se traduce en dos salmones y varias veces los resultados de aquellas industrias base de la economía nacional actual.
Sin duda, más de uno pensará que esta meta es imposible. Pero la gracia de estas exportaciones, es que serán solamente de valor agregado, es decir, venta de inteligencia. Frase que no es broma, ya que 3 de las 11 universidades más reconocidas de Latinoamérica son chilenas. Si consideramos que tenemos solo el 2,5% de la población de Latinoamérica, es todo un logro. Pero esto va mejorando, pues en este momento ya una opera en Miami y otras hacen acuerdos con prestigiosas universidades de Estados Unidos. Lo anterior es base para el logro del desafío planteado.
La idea en una primera etapa, es centrarse en la venta de servicios TIC o ITO (Information Technology Outsourcing) tales como la fabricación de software, testeo de software, diseño y fabricación de manuales técnicos, mantención de infraestructura, call centers, diseño de productos de software y hardware, servicios de telecomunicaciones, entre otros. Esto, para compañías que subcontratan dichos servicios tanto en América como Europa.
Luego el camino será la exportación de BPO (Business Process Outsourcing), utilizados en la creación o modificación de procesos de negocios de las empresas. También están los servicios de Ingeniería KPO (knowledge process outsourcing) para diseño de distintos productos y aquellos que ofrecen soluciones al sector financiero y retail, como también al negocio minero y los servicios de ingeniería entre otros.
Es claro, sin embargo, que tenemos escollos que debemos superar. Nadie dijo que esto era fácil, pero en realidad ningún negocio lo es. Nuestra principal barrera va a ser el recurso humano y también el dominio del inglés. Pese a ello, ya hay un grupo trabajando con algunas universidades e institutos de capacitación técnica como tambien la Corfo, para que sus alumnos estén preparados en caso de una futura demanda. Entendemos también que lo que falte en Chile, podemos buscarlo en el exterior, por ejemplo, en países vecinos, generando un área económica de exportación de inteligencia entre la región.
Esta industria ya existe en el mundo y es muy grande, el principal actor en este campo es India, que exporta 20 billones de dólares al año en ITO y otros 20 billones en BPO y KPO. Le sigue Irlanda con 14 billones y luego Europa del Este y otros, con los que sumaron casi 85 mil millones de dólares en 2007 en el mundo.
El crecimiento mundial es tal, que India www.nasscom.org declaró que el 2010 triplicará su cifra de exportaciones al mundo en estos servicios, es el análogo de China en fabricación de hardware y otros productos industriales. La industria total de offshoring alcanzaría los 300 mil millones de dólares a 2010, siendo EEUU el cliente más grande de India, ya que contrata alrededor del 60% de todas sus exportaciones.
¿Chile podría ser un jugador en este campo? USA y Canadá necesitan ir generando un polo alternativo de servicios, para desconcentrar el riesgo, trabajar en un esquema más cómodo de huso horario, así como también, tratar con países que se encuentren ubicados más cerca. Entonces la oportunidad existe y nuestros profesionales están capacitados para enfrentar el desafío.
Chile no está durmiendo, el Gobierno junto al Ministerio de Economía, CORFO, Prochile e instituciones privadas como ACTI, Foro de Innovación, Inacap, Universidad Católica y Duoc han viajado varias veces, en los últimos 18 meses, a India, USA, Canadá y Europa, para estudiar y determinar el modelo que se aplicará en Chile.
Como resultado, se creó un Consejo Público Privado de Servicios Globales (offshoring), liderado por CORFO, donde se diseñarán las estrategias y el modelo a seguir, atacando los temas de recursos humanos, regulaciones, industria TIC y difusión internacional.
Por supuesto, la competencia no es menor, pero el mercado crecerá fuertemente en los próximos cinco años (Boston Consulting Group), por una razón muy simple, la complejidad de los sistemas tecnológicos, la especialización que se requiere para diseñarlos y también operarlos harán muy difícil que cada empresa por si misma pueda sostener y manejar todos los sistemas a costos razonables. La máxima es que las empresas se centren en sus negocios, dejando lo demás a terceras empresas, diminuyendo costos para poder ser más competitivas. Nada indica lo contrario.
Este modelo permitiría tener en Chile una industria tecnológica mucho más fuerte, que pueda abordar en forma más masiva el apoyo tecnológico al I+D, agregando valor a los clusters productivos, empujando el crecimiento económico y social del país.



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La exportación de servicios de valor agregado al resto del mundo desde Chile, tiene como meta los 5.000 millones de dólares a 8 años, lo que se traduce en dos salmones y varias veces los resultados de aquellas industrias base de la economía nacional actual.