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¿De la televisión a la www? Campañas electorales en la red

Enviado por José Ignacio Porras el 29 jun, 2008 a las 20:18
José Ignacio Porras

La irrupción de internet y el resto de tecnologías de la información y comunicación en las campañas electorales pareciera marcar un nuevo rumbo en las campañas electorales. La expectativa es que su uso convierta las citas con las urnas en un espacio abierto en la que el candidato, el partido y el ciudadano puedan interactuar y relacionarse de una forma mucho más cercana y transparente. Con la perspectiva de un año marcado por diferentes ingredientes electorales, toma sentido preguntarse ¿Hasta qué punto esta expectativa se esta cumpliendo?, ¿Internet esta suponiendo realmente una transformación en la forma de concebir y ejecutar las campañas electorales?

Como es bien conocido, a finales de los años 50 del siglo XX el protagonismo de los mass media en los procesos electorales cruza un punto de inflexión. La aparición de la televisión, primero en Estados Unidos y luego en el resto del mundo, llevaron a qué en décadas posteriores las estrategias centrales de partidos políticos y candidatos hayan pivotado en torno a su uso como plataforma de comunicación política por su manifiesta rentabilidad electoral. La amplia difusión e impacto de los mensajes políticos emitidos a través de televisión no tardaron en revelarse como un factor determinante en la definición de las preferencias de los electores conduciendo a una creciente profesionalización de las campañas.

A partir de la llegada de la televisión, la ecología mediática de las contiendas electorales ha permitido una extensión de los límites de la esfera pública en la que los ciudadanos debaten sobre asuntos de interés común y  la conducta de la autoridad política, generan determinadas disposiciones conductuales y morales para participar en el proceso político y terminan construyendo un sentimiento de identidad y pertenencia a la comunidad política. Pero a su vez la televisión también ha sido una de las causas que aleja a los ciudadanos de la política al restringir las fuentes del debate público a un número limitado de fuentes y marcar una clara tendencia hacia la generalización y mercantilización del mensaje de la clase política. Asimismo, la televisión ha sustentado el creciente uso de la  llamada propaganda negativa en las campañas electorales orientadas a la descalificación y destrucción del adversario político para minar las confianzas de sus potenciales adherentes, pero cuya repercusión se termina extendiendo al funcionamiento general del sistema político.

En las virtualidades de Internet y el resto de las tecnologías de la información y comunicación parecen haberse depositado gran parte de las esperanzas para corregir estos derroteros y mejorar la calidad de la comunicación política. Principalmente después de superar una primera fase en que su uso se circunscribía, básicamente, a colgar propaganda y materiales en la red. La expansión de las aplicaciones basadas en la nueva tecnología Web 2.0 genera las condiciones para romper el monopolio en la creación de mensajes políticos,  impulsar e individualizar la interacción entre clase política y ciudadanía y, como consecuencia de ello, generar elementos inhibidores de la propaganda negativa. En suma, Internet introduce más democracia en la comunicación política porque permite mayor participación y protagonismo al ciudadano.

Algunos ejemplos son recurrentemente citados para constatar este hecho. El más conocido es, sin duda, la campaña electoral de Barack Obama en los Estados Unidos. Su principal logro, competir en el terreno de las grandes donaciones aprovechando las posibilidades de la red. Si la capacidad para recaudar fondos marca las posibilidades de cada candidato, las posibilidades de un joven senador de Illinois con escaso curriculum y enfrentado a que todos esperaban que fuera virtual vencedora de las primarias del Partido Demócrata, Hillary Clinton, pocas posibilidades tenía si pretendía persuadir a los grandes donantes. Bajo estas circunstancias, y aprovechando el aprendizaje que supuso la candidatura en el 2004 de Howard Dean, el equipo de campaña de Obama se concentró en sumar pequeñas donaciones a través de Internet. Su éxito fue rotundo al lograr superar el millón y medio de donantes rompiendo todos los records de recaudación. Pero además también han sabido innovar en otros aspectos relacionados con Internet. Por ejemplo usaron wiki -páginas colaborativas- para coordinar acciones u organizar actos multitudinarios y crearon una campaña de correos electrónicos contra-virales para luchar contra los rumores que circulaban cuestionando su religión y patriotismo. Y supieron fomentar la participación de sus seguidores, con páginas en las que les pedían ideas y hasta cartas para convencer a los superdelegados indecisos.

La incidencia que ha logrado el uso de Internet el proceso electoral estadounidense parece todavía difícilmente trasladable a otras latitudes. En España, una encuesta realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas  durante las últimas elecciones legislativas de marzo del 2008 daba cuenta de que a pesar del masivo uso de Internet entre la mayoría de candidatos y partidos políticos, su impacto era todavía marginal como medio de propaganda política. Sólo un 10% de los electores había visitado alguna vez la página web de un partido o de un candidato. En Chile, las iniciativas que candidatos y partidos políticos han llevado a cabo para escuchar a los ciudadanos a través de sus páginas web tienen, a priori, claras ventajas: más posibilidades de hacernos escuchar, facilitar que sean más sensibles a algunas demandas y fomentar un debate político a aquellos poco dispuestos a implicarse fuera de la pantalla. Pero al igual que en muchos otros países, la mayoría de estas iniciativas demuestran no tener una estrategia y un horizonte demasiado claro mas allá que mostrar tecnología per se. Cualquiera que haya visitado estas iniciativas puede constar que el grueso de la participación que nos permiten es pulsar el mouse para optar alternativas pre-establecidas o entrar en una caótica conversación virtual que se encuentra muy lejos del modelo de deliberación pública esperada (véase al respecto Los partidos políticos reprueban en Internet, El Mercurio, 27 de marzo 2008)

No me cabe duda que el uso de Internet ha abierto un punto sin retorno en la forma de concebir y ejecutar las campañas electorales. Pero también que el cambio es bastante más pausado de lo que muchos creen. Hoy por hoy la red es preferentemente el espacio político de un grupo de hiperactivistas que utilizan los recursos disponibles en ella, pero no de la mayoría de los ciudadanos.  Ensanchar los límites de este espacio y abrir las campañas electorales al protagonismo de la ciudadanía pasa principalmente por:

  • Revertir las desigualdades de acceso a la tecnología, a las habilidades e incentivos para su uso. De lo contrario la penetración de Internet en la política puede convertirse en una nueva fuente de desigualdades, fomentando la participación y canalización de demandas de los incluidos digitalmente y haciendo menos visibles o marginales a los más desprovistos de ellos. Pero enfrentar esta brecha no sólo es, aunque también, un problema de más tecnología. Si así fuera debiéramos esperar que ya en la actualidad el espacio político virtual tuviera mayor protagonismo y dinamismo del espacio político virtual dada las tasas de penetración de acceso y uso de Internet en la sociedad. El verdadero desafío se encuentra en utilizar las posibilidades que genera la tecnología para implicar a un ciudadano más formado, capaz, crítico, autónomo y comprometido con la política.

 

  • Adecuar las instituciones políticas para compatibilizarlas a las posibilidades que aportan las nuevas tecnologías  a la profundización democrática. Resulta difícil de concebir que la promesa que aporta Internet de aumentar y mejorar la participación ciudadana sea conciliable con una institucionalidad política anclada en una concepción restrictiva del mandato de representatividad. No se trata de relegar a la ciudadanía a la función de legitimador de las decisiones políticas o a la mera agregación de preferencias, sino de entregar mayores espacios de intervención directa en los procesos decisorios sustentados en la creación de espacios de deliberación pública real. Medidas, por ejemplo, que vayan orientadas a abrir las estructuradas cerradas de los partidos políticos rompiendo los viejos esquemas de funcionamiento cumplirán este propósito. Por supuesto, para Chile parece una contrasentido proclamar la llegada de la democracia digital cuando aquel segmento de la ciudadanía que mayores niveles de apropiación tiene con respecto a la nueva tecnología, la juventud, se le mantiene al margen por la vigencia de una normativa de inscripción electoral que desincentiva su incorporación al proceso político formal.

 

  • Esperar que la clase política, en su conjunto, adopte una actitud más decidida hacia aprovechar las posibilidades que abre Internet para establecer nuevas formulas para relacionarse con la ciudadanía. Si dejamos al margen algunas excepciones bien conocidas por todos de convencimiento y compromiso con el “upgrade” tecnológico de la política, lo cierto es que la generalidad de los políticos se caracteriza por una actitud bastante conservadora hacia el fenómeno. Ya sea por desconocimiento, escepticismo o directamente por rechazo hacia las nuevas tecnologías, la clase política se esta “vistiendo en la era de Internet” con tantas precauciones que termina desvirtuando el verdadero valor de su uso.

 

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Otra elite mas?

Enviado por el 30 junio, 2008 a las 11:13
Hernan Gianini Vivado

Estimado José Ignacio:

Das en el clavo cuando adviertes que hoy en día en Chile el espacio virtual está copado por una elite digitalmente incluida, más restringido aún en el ámbito de la participación y deliberación política. Esto debiera ser de la más alta preocupación y se deben generar políticas para lograr la inclusión y la apropación digital de todos los ciudadanos. Sin embargo esto es sólo parte del discurso politicamente correcto y no parece existir interés en nuestra clase política para lograr lo anterior. ¿Por qué abrirse a mayor participación y poner en peligro el statu quo que me permite mantener capturado el estado y recibir sus beneficios?

Nuevamente en las próximas elecciones municipales votarán casi los mismos que en las elecciones anteriores y los jovenes permanecerán ajenos. Mientras tanto la inicitiava de inscripción automática duerme y se despierta cada cierto tiempo cuando algún sector quiere sacar provecho político. Es lo mismo que me parece ocurre cuando algún político habla de inclusión digital, ¡mucho ruido y pocas nueces!

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Hernán Gianini


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